Seth Maidden
:: Salón de la Abadía ::

Pasó tantísimo tiempo sentado que
Seth no tocó ni un sólo sofá desde que llegó a aquél lugar. Estaba apoyado de espaldas a la pared y con la cabeza ladeada, mirando fijamente el fuego que desprendía la chimenea y que alumbraba el lujoso salón. Observaba aquellos destellos, pero su cabeza se había ido a otra parte. Aunque no por mucho tiempo. La gran puerta del salón se abrió y entró el que
Seth esperaba que fuese el último invitado. Algunos se presentaron al recién llegado y él, sin embargo, decidió reincorporarse y comenzar a andar, bordeando el salón. No iba a molestarse en presentarse. Total. Ya no se acordaba ni de la mitad de los que conoció en el trayecto....
Detuvo el paso enfrente de un enorme cuadro y pasó el dedo índice por el borde del lienzo para luego mirarlo. Estaba casi congelado y tenía polvo acumulado de meses. ¿
Para esto pagan al servicio?
Seth sacó el móvil que guardaba en el bolsillo interno de la chaqueta y miró la pantalla. No había cobertura y tampoco es que le sobrara la batería. Aún con el móvil en la mano se acercó de nuevo a la chimenea y buscó en el menú del teléfono la opción de la cámara fotográfica. Ahora recordaba porque se había comprado un teléfono de última generación.
Con móvil en mano alzó el brazo y se sacó una auto-foto. Cuando acercó el teléfono para ver el escalofriante resultado, se percató de que al fondo había una rubia (
Carrie) que le llamó especialmente la atención. Cuando se giró para contemplarla en su total plenitud, aún mantenía la misma posición que en la foto.
Sin querer una pequeña sonrisa pícara se le dibujó en los labios.
"
Vamos, tío, puede ser tu hija. Aunque no deja de estar buena por eso..." Pensó.
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