
Abadía del señor Collins
Exhaló lentamente el humo del cigarrillo, acomodado en el sillón de cuero de aquella mansión tan pija. Allí no podía sacar la pequeña bolsa de viaje repleta de marihuana, por lo que tenía que conformarse con el tabaco. El anillo con forma de calavera soltó un destello a causa de la luz de la chimenea, y entonces se sacudió la ceniza de los vaqueros rotos y desgastados que llevaba. Paseó su mirada por el salón, fumando con lentitud. Pijo. Prefería su mansión en Canadá, con el estudio de música, el salón con la televisión de plasma y la asistenta brasileña que estaba tan buena. Con un escalofrío fingido, recordó a la mujer que había cogido su maleta al entrar. "
Lo voy a pasar realmente mal aquí" pensó. Luego estudió a las féminas que se encontraban en el salón. "
O quizá no..."
El viaje hasta aquella mansión pija había sido interminable. Viaje de avión desde Canadá hasta Londres, después el tren con la adolescente pelirroja que, aunque estaba buena, se había pasado todo el viaje dando el coñazo... Luego en aquel coche que se caía a trozos por una carretera con más agujeros de los que se podían contar, y aquel pueblucho apartado de la civilización humana. Bonito lugar para pasar tus últimos días de vida hasta fin de año.
Acarició la funda de su guitarra eléctrica. Tenía cientos en su mansión, pero a esa
Explorer negra le tenía un especial cariño. Y no, no iba a dejar que la vieja pusiera sus regordetas manos en su guitarra.
Giró la cabeza con desgana al escuchar una voz masculina [
Shane O´Toole]. Otro huésped. Exhaló lentamente el humo del cigarrillo, consciente de que el salón empezaba a cubrirse de una leve bruma.